Por María Pérez
El proyecto político revolucionario del primer peronismo se caracterizó por la idea fundante de lograr la participación e inclusión de los distintos sectores en lo que se denominó la Comunidad Organizada.
La visión estratégica de Perón, única e irrepetible, estableció una hoja de ruta en el reconocimiento de nuevos derechos sociales, lo que quedaría plasmado en el texto de la Constitución de 1949. Entre ellos, el derecho a la capacitación y al esparcimiento, a la preservación de la salud, al bienestar, al cuidado de la salud, a la educación y la cultura.
En este contexto, resulta relevante la reforma cultural que se impulsó, en la que se destaca, fundamentalmente, la visión global de Perón al incluir al deporte como herramienta de transformación social, vinculándola directamente con el acceso a la educación en todos sus niveles y a la promoción de la salud.
Para comprender la dimensión de esa estrategia, debemos tener en cuenta que de los 4 millones de niñas, niños y jóvenes que por ese entonces conformaban la población estudiantil, sólo 300 mil accedían a la educación secundaria, con una deserción de 3.700.000 alumnos. Pero, además, de los 300 mil estudiantes primarios y secundarios, sólo 100 mil llegaban a la universidad; es decir, más de 3.900.000 quedaban excluidos a lo largo de todo el ciclo del sistema educativo, con el gravitante perjuicio que ello implicaba para el desarrollo y el futuro, no sólo personal, sino también de la Nación.
Por tanto, la voluntad política de crear desde el Estado más de noventa clubes barriales, que incluían todas las actividades deportivas, llevaba implícita la decisión de contener a una gran masa de niños y jóvenes, en su mayoría hijos e hijas de trabajadores. El deporte era la vía de contención y acceso a completar la educación primaria hasta alcanzar la educación secundaria, a través de escuelas de oficios, y, en su caso, la educación superior en las universidades obreras.
Claramente, el peronismo llevó adelante hasta 1955 una reforma cultural revolucionaria, no desde la abstracción, ni mucho menos de la singularidad de las políticas públicas, sino desde la concreción de los derechos sociales, con el objetivo de la realización colectiva e integral del pueblo.
En lo que se caracterizó como una etapa relevante de intervención del deporte argentino, se desarrollaron y destacaron por su magnitud dos torneos nacionales: el Campeonato Nacional “Evita”, dirigido a niñas y niños, y los Torneos Juveniles “Juan Perón”, que cubrían el universo de la población adolecente. Estas acciones se complementaron con las que desarrollaron la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y las organizaciones nacionales del deporte, como la Confederación Argentina de Deportes (CAD).
Ese proceso virtuoso del deporte sufrió un grave retroceso a causa de las medidas del gobierno de facto surgido del golpe de 1955, que arremetió contra dirigentes y deportistas —varios de los cuales fueron objeto de persecución política— y dispuso incluso la intervención de organizaciones como la Confederación Argentina de Deportes, a través del Decreto ley 4161 del 5 de marzo de 1956. Para el deporte funcionó la Comisión Investigadora de Irregularidades Deportivas N° 49. El objetivo era borrar todo rastro de ese cambio de paradigma en el deporte.
Recién en 1974, el Congreso de la Nación sancionó la Ley de Deportes (Ley 20.655), y, por decisión política de Perón, logró plasmar y consagrar en su texto el valor del deporte y su relación con la salud, la educación y la identidad nacional, potenciando las capacidades del Estado —a través del Consejo Nacional del Deporte— con una mirada federal y participativa.
Es importante destacar que parte de esa iniciativa impulsada por Perón recién se logró retomar, efectivamente, en los gobiernos del proyecto nacional y popular de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, a través de la sanción de importantes leyes como la Ley 27.202 de reforma de Ley de Deportes, la Ley 27.098 de Clubes de Barrio y de Pueblo, la ley 26.573 de Creación del Enard o la Ley 27.201 de institucionalización de la Asignación Universal por Hijo en el Deporte (cuyos beneficiarios serían los hijos e hijas de beneficiarios de AUH), entre otras.
Por ello es necesario que el Estado retome esa hoja de ruta, que se incluya al deporte como parte de un plan estratégico desde el presupuesto fundacional de la comunidad organizada, con el objetivo de la transversalidad de sus acciones y decisiones.
Es necesario entender que la actualidad del deporte argentino nos plantea el desafío de restablecer la construcción del deporte desde las organizaciones libres del pueblo, recuperando la gestión deportiva desde la planificación articulada y con perspectiva federal. Debemos recuperar la cultura peronista de un deporte inclusivo y transformador.