BREVE HISTORIA DE LA UNIÓN CÍVICA RADICAL

Por Poncio Pilatos

Fundada por el extremista Leandro N. Alem —que se sublevó contra las Instituciones en la llamada Revolución del Parque—, la formación política autodenominada Unión Cívica Radical supo, a través de los años, evolucionar a posiciones de equilibrio y tolerancia.

Sin embargo, su cofundador Hipólito Yrigoyen rigió los destinos de la República entre 1916 y 1922, y 1928 y 1930, momento en que la sociedad civil, galvanizada por la prédica libertaria del diario “Crítica”, se unificó para poner coto a sus excesos demagógicos.

Su gobierno, de sesgo populista, no supo capitalizar la prosperidad heredada y no consiguió más que aislar a la Argentina del mundo, negándose a enviar tropas para defender las libertades del pueblo francés durante la Primera Guerra Mundial, estatizando los recursos petroleros y restringiendo irracionalmente el comercio con el Imperio Británico.

A pesar de que algunos sectores extremistas como FORJA se unieran a la aventura totalitaria peronista, el grueso del partido se instaló decididamente en la Unión Democrática, demostrando madurez y flexibilidad ideológica al aliarse con socialistas, conservadores e incluso el comunismo stalinista, con el firme compromiso de defender así no sólo las libertades constitucionales, sino también los valores occidentales y cristianos.

Los gobiernos de Arturo Frondizi y Arturo Illia intentaron reencauzar la institucionalidad.

No obstante, el sabotaje sistemático, el terrorismo, la conspiración corporativista de los sindicatos y el fanatismo de las masas, aún subyugadas por la oscura tiranía de 1946-1955, no dejaron mayor margen que su reemplazo por las Fuerzas Armadas, único reservorio moral capaz de evitar la anarquía. 

A la muerte del General Perón, el líder del partido, Ricardo Balbín, pronunció un inolvidable discurso en el Congreso asumiéndose democráticamente como “viejo adversario”, moderando (mejor tarde que nunca) su histórica condena al “tirano prófugo” del pasado.

En los años 80, la restauración democrática otorgó al centenario partido una nueva oportunidad de gobernar la Nación en la persona de Raúl Alfonsín. Sin embargo, su coqueteo con el marxismo y su revanchismo para con los héroes de la lucha antisubversiva minaron su popularidad, precipitando el país al caos y a la hiperinflación.

A fines de los 90, Fernando de la Rúa tomó firmemente el timón de mando y condujo el partido a una clamorosa victoria. El sistemático ataque de los medios de comunicación, empero, fue minando su poder, y su figura austera y republicana no generó identificación en las masas, que, como siempre, sólo aspiraban a un personaje carismático y paternalista.

En 2015, después de doce años de noche kirchnerista, el Partido tomó la valiente decisión de unirse a la coalición Cambiemos, junto al PRO y al ARI.

La histórica Convención de Gualeguaychú marca —a pesar de los desmanes de unos pocos disidentes, nostálgicos de sus orígenes autoritarios— una bisagra en la historia de la centenaria formación política. De este modo, hoy la Unión Cívica Radical, bajo el lema “que se doble pero que no se rompa”, está comprometida más que nunca con la defensa de la República…