LA MASACRE DE SAN ISIDRO

Por Fabián Domínguez

El asesinato en masa de desaparecidos que querían copar un regimiento a fines de junio de 1976. La puesta en escena del Ejército para simular un enfrentamiento y los hallazgos que la desmienten

Al finalizar junio de 1976, al norte del Gran Buenos Aires, se produjeron una serie de muertes violentas que hasta el día de hoy pasan como desapercibidas. Una veintena de obreros fueron masacrados en operativos que se simularon como enfrentamientos. El gobierno militar dejó trascender que en distintas acciones atacaron la guarnición de Campo de Mayo y a vehículos militares próximos al regimiento Esteban de Luca, en Boulogne, con el saldo de veintidós “guerrilleros” caídos. Algunos autores lo asocian con una venganza del Ejército por el atentado contra el general Cesáreo Cardozo, pues la mayoría de las muertes corresponden a militantes de la Columna Norte de Montoneros. Lo curioso de las bajas es que los jóvenes identificados estaban denunciados como desaparecidos semanas o meses antes.

Los comunicados los emitió el Comando de Institutos Militares, que manejaba la guarnición de Campo de Mayo y la zona de influencia conocida como Zona IV (todo el norte del Gran Buenos Aires). El jefe era el general Santiago Omar Riveros, quien informó que el 29 de junio, pasadas las 20 horas, un vehículo atacó un puesto de guardia de Campo de Mayo. La guarnición tiene más de 3.000 hectáreas, y numerosas escuelas militares, lo que no solo significa la presencia de numerosas tropas en formación, sino que el poder de fuego es uno de los más importantes del país. Ya en ese momento los militantes de organizaciones políticas sabían que allí había un centro clandestino de detención, aunque con el tiempo se sabría que era un complejo de espacios de detención y exterminio, incluyendo el Hospital Militar, la Cárcel de Encausados y la Pista de Aviación.

Según el comunicado, la guardia repelió el ataque, mientras el vehículo, donde se movilizaban cinco personas, huyó del lugar por la ruta nacional 8 y luego dobló por la avenida Senador Morón, rumbo a la estación Bella Vista. Desde la guarnición militar dieron aviso a la policía de la provincia, la cual intentó interceptar al vehículo que pasó las vías del ferrocarril San Martín rumbo a la avenida Gaspar Campos. Una vez pasada la intersección de senador Morón y Gaspar Campos, las fuerzas conjuntas emboscaron a los cinco atacantes, quienes fueron muertos sobre la calle Mayor Irusta. No se registraron ni bajas ni heridos por parte de la Policía ni del Ejército.

El segundo comunicado habla de un enfrentamiento mayor, donde otra vez son protagonistas tropas de Campo de Mayo. Esta vez el ataque contra el contingente militar fue en la avenida Márquez, con armas de fuego y granadas, por lo que se deduce que provenían desde la guarnición y estaban por doblar por avenida Sucre, para encarar la sede del Batallón Esteban De Luca. Se deja entrever que los vehículos militares no entraron a la guarnición, sino que salieron a perseguir a los atacantes, quienes, aparentemente, se trasladaban en tres vehículos o más. En la persecución pasaron por el túnel debajo de la Panamericana y, a doscientos metros, se produjo un tiroteo, en la proximidad del cruce con la calle Don Bosco, frente al San Isidro Golf Club. 

El resultado de esa refriega son doce personas muertas. Pero un cuarto auto se fugó por la avenida Sucre, que corre en diagonal y termina en la avenida Uruguay, límite entre los partidos de San Isidro y San Fernando. Una partida militar los persiguió, los alcanzó en el camino a Bancalari y Uruguay, donde los enfrentó y eliminó a cinco atacantes más. El resultado final son 17 atacantes muertos, un suboficial herido de cierta gravedad y dos soldados con heridas leves. No se detallan los nombres de los afectados.

Por jurisdicción, los cuerpos fueron enterrados en distintos cementerios. Es posible que los asesinados en Bella Vista hayan sido derivados a los cementerios de San Miguel o Grand Bourg, pues correspondía a la jurisdicción de General Sarmiento. En el caso de los enterrados en el distrito de San Isidro, por una formalidad legal, la policía identificó algunos de los cadáveres a través de sus huellas dactilares: Juan Carlos Álvarez, secuestrado en Pacheco el 14 de abril; Alberto Luis Coconier, desaparecido el mismo día; Norberto Matesdolfo, secuestrado el 12 de mayo, todos delegados de la fábrica Del Carlo, militantes de la Agrupación Felipe Vallese (JTP). 

Los cinco que se fugaron fueron enterrados en el cementerio de San Fernando, algunos de ellos militaban en la Unidad Básica Ramón Césaris, vinculada al Movimiento Villero Peronista, y donde también militó Ana María González, autora del atentado contra el general Cardozo. Otra militante de la UB Ramón Césaris que fue muerta en ese hecho fue Beatriz Oesterheld (la flaquita María), hija del autor del Eternauta, Germán Oesterheld, secuestrada el 19 de junio. Otros asesinados esa noche fueron Andrés Luis Barciocco, secuestrado en El Palomar el 22 de mayo; y Teresita María Scianca, secuestrada mientras realizaba una volanteada en Virreyes, el 31 de mayo. Otra identificada enterrada allí fue Adriana Silvia Prac, secuestrada el 23 de junio.

No es raro que en el grupo aniquilado se mezclaran obreros de la fábrica Del Carlo con militantes de la UB Ramón Césaris, pues durante el año 1975 hubo una toma de la fábrica con presencia activa de la Agrupación Felipe Vallese y colaboración externa de militantes villeros peronistas. Alfredo Ayala, conocido como Mantecol, recuerda que dos de sus hermanos trabajaban en la fábrica y participaron de la toma dentro de la misma. Y que él, como dirigente villero y militante de La Césaris, estuvo afuera de las instalaciones colaborando con el armado de una olla popular. Los militantes de la UB rotaron todos los días para apoyar y acompañar la toma del establecimiento desde fuera de las instalaciones, con movilización de vecinos, agite, reparto de volantes y el armado de una olla popular.

Quien también estuvo vinculado a la Césaris fue Rubén Moro, el Negro Ricardo, quien volvió en mayo a la Zona Norte, esta vez como jefe militar de Vicente López y detenido junto a Anita González, quien fue liberada por orden del general Cardozo pues era amiga de su hija. A Moro lo llevaron al Campito, el siniestro centro clandestino de detención de Campo de Mayo, y luego fue identificado entre los militantes asesinados en la masacre de San Isidro. Su presencia entre los muertos desenmascara la puesta en escena ideada por el general Santiago Riveros.

 

Fuentes consultadas para esta nota:

-Lorenz, Federico. Cenizas que te rodearon al caer (Sudamericana, 2017).

-Nicolini, Fernanda – Beltrami, Alicia. Los Oesterheld (Sudamericana, 2016).

-Entrevista con Alfredo Ayala.