Por Julio Vargas[1]
En el 75 aniversario de la ONU, los representantes de los países latinoamericanos expresaron durante el encuentro multilateral que la pandemia se vive con mayor crudeza en nuestra región por las políticas que impuso el neo liberalismo (léase destrucción de industrias, generación de desempleo, crisis medioambiental, violencia política, baja calidad de las democracias, golpes de Estado y ahogo económico).
La destrucción del entramado social en Latinoamérica ha provocado como respuesta —desde mediados del año pasado— una serie de movilizaciones y luchas por reivindicaciones populares en diversos países como Chile y Colombia.
En el caso chileno —claro ejemplo de las desigualdades que su pueblo ha vivido desde el golpe de Estado del ’73—, la pandemia hizo estragos porque su sistema sanitario es excluyente de los sectores populares. Colombia, por su parte, sigue en esta etapa con la masacre de líderes sociales y políticos que habían optado por un proceso de paz que el gobierno de Iván Duque Márquez no respeta y que, en cambio, se encolumna bajo el ala protectora y golpista de su par estadounidense Donald Trump, amenazando al hermano país de Venezuela y en especial al gobierno de Nicolás Maduro.
Hemos visto cómo el gobierno de Paraguay ejerce la violencia contra su pueblo matando niñas, aunque en su discurso ante la ONU hace gala de un espíritu democrático y respetuoso de los derechos humanos y también cierra filas con la administración estadounidense, como Duque o el filo-fascista Jair Bolsonaro en Brasil. Respecto de las políticas sanitarias, el gobierno de Bolsonaro, lejos de implementar un marco de prevención del Covid, ha calificado como una “gripezinha” a esta pandemia que hace estragos a nivel global. Además de descuidar la salud de sus ciudadanos, los lleva a un enfrentamiento permanente con sus discursos fuera de lugar, amenazando a sus vecinos de Venezuela con el incremento de personal militar externo en las fronteras y cumpliendo así con los pedidos de Trump.
En Bolivia, tras el golpe de Estado de 2019 y el holgado triunfo del Movimiento al Socialismo en las presidenciales de octubre de 2020, quedó en evidencia que la maniobra desestabilizadora del año pasado había sido orquestada por los EEUU y que las democracias blandas digitadas desde Washington son ejecutadas como un Plan Cóndor 2.0. A la vez que se reprimía al pueblo, se proscribía al destituido Evo Morales, se solicitaban préstamos al FMI, se dejaba al pueblo a merced del Covid y la presidenta de facto, Jeanine Añez, tenía que bajar su candidatura por falta de apoyo popular. Solo que esta vez el recurso de la proscripción no funcionó en Bolivia como lo había hecho en Brasil, cuando se usó un artilugio judicial para prohibir que Lula se presentara en las elecciones.
Una parte de Latinoamérica trata de salir de ese oscurantismo que es el neo liberalismo, como Argentina, que se abre paso con una inclaudicable capacidad de gestión en Salud y en términos de reconstrucción económica. Que expresó en esta asamblea de la ONU que la vacuna del Covid tiene que ser de orden público, que resaltó la importancia de que el multilateralismo sirva para salir de los conflictos con acuerdos políticos y evitar los conflictos bélicos. Que planteó la necesidad de que se respete la Autodeterminación de los Pueblos y de que no haya hegemonía de ningún país sobre otro en las decisiones, como la intromisión de EEUU en las políticas internas de Cuba, Venezuela o Nicaragua a través de los bloqueos, las amenazas de invasión y la confiscación de sus activos económicos.
Vemos cómo en Ecuador, donde el Covid ha dejado un tendal de muertos en las calles, poco y nada le ha preocupado la suerte de sus compatriotas al presidente Lenin Moreno, que se regodea de su amistad con representantes del Imperio y aplica políticas de sumisión ante el FMI. Vemos cómo ejecutó la proscripción de Rafael Correa y entregó a Julian Assange al gobierno de Inglaterra, con lo que lo dejó a un paso de su extradición a EEUU, donde podría ser condenado a 175 años de prisión por mostrar la verdad sobra las atrocidades que comete el Imperio. Vemos, en definitiva, cómo el gobierno de Moreno destruye la revolución ciudadana que había encarado el pueblo ecuatoriano durante la gestión de Correa.
Cuba expuso en la ONU —para nuestro entender y posición— uno de los mejores discursos, basado en la solidaridad de los pueblos en todo momento y en todo lugar, y en especial en esta pandemia. Como nos tienen acostumbrados el gobierno y el pueblo de Cuba, dejaron en claro que el Imperio norteamericano intenta pero no puede doblegar la dignidad de los cubanos. Una dignidad que se expresa en la solidaridad de la Brigada Henry Reeve de Médicos Cubanos —propuestos por una parte importante del mundo para recibir el Premio Nobel de la Paz— y también en el trabajo de sus científicos, químicos y genetistas para generar una vacuna contra el Covid, no por azar llamada “Soberana”. Pese al contexto de bloqueo y amenazas, Cuba sigue demostrando que, ante el neo liberalismo supuestamente meritocrático y definitivamente antisocial, lo que vale es la Unidad de los Pueblos, su lucha por la igualdad y la solidaridad. Y que es por este camino, y no otro, por donde se saldrá de la pandemia, con la esperanza de ser mejores, en esta región que está en disputa.
[1] Julio Vargas es miembro del Espacio de la Fraternidad Argentino Cubana (EFAC)